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Mi amigo el patrón ya está con Dios (Necrológica de Ginés Bartolomé)

Mi amigo el patrón ya está con Dios (Necrológica de Ginés Bartolomé)

 

Ginés, el Patrón

Corrían los primeros años ochenta y yo venía a trabajar a Tres Cantos en un Renault 4L de cuatro velocidades y al que había tuneado un poco. Es decir, disponía el motor de un carburador de doble cuerpo, camisas húmedas nuevas con todo el equipo que aumentaba la cilindrada, cepillada la culata, retocadas las válvulas y las levas, nuevos colectores, etc., que hacían que el cochecillo casi arrancara en directa, pues tenía marchas cortas y bastante potencia, y recuerdo cómo se echaba de menos una quinta marcha, aunque subía las paredes.

Después de este cochecillo, tuve otros de segunda mano, y llegó un momento que con matrícula M-LL, compré un Mercedes 380 AMG de segunda o tercera mano, de los que se importaban entonces de Alemania. Era un coche muy bonito, era un SE de 8 cilindros, y como corresponde, de 3.800 centímetros cúbicos. Al ser AMG, proporcionaba ya en aquella época 350 cv. Aunque se notaban los kilómetros que tenía ya en la holgura de la dirección y en los consumos de agua y aceite. Era un coche, a pesar de todo, muy seguro y muy bonito. Mis hijos le llamaban Carbón por ser del color del carbón, tapizado en tela color beige, y con las maderitas de aquella época. Debía ser por el año 90.

Pues he aquí que con este coche conozco al gran patrón don Ginés Bartolomé, pues abre en la carretera de Colmenar Merbauto, concesionario de Mercedes con taller, y resulta que soy el primer cliente de Merbauto. Y ahí el patrón me fue presentando a familia y amigos. Allí también conocí a mi querido Álvaro Iglesias, Gerente, y a Jonás, vecino de Tres Cantos, etc, etc. Por aquel entonces se hizo cargo de esta concesión porque Ginés tenía varias, Eugenio Bartolomé, su hijo, que con el tiempo cuando vendí por el alto costo que tenía de mantenimiento el 380, vi en el exterior, medio abandonado un 300 TD familiar de color azul celeste, que me interesó y se lo comenté a mi amigo Eugenio. El coche había sido taxi en Bélgica, y le pedí a Eugenio que me diera un presupuesto para restaurarlo y repararlo mecánicamente, pues estaba destrozadito. Eugenio se volcó, me hizo un presupuesto muy asequible, lo pintamos de verde hoja, porque estaba tapizado en beige Mercedes, y era un coche ideal para nosotros, pues tenía siete plazas, era automático, diésel, 5 cilindros, y creo recordar que daba del orden de unos 135 cv, suficientes para aquel momento, no consumía mucho y duró muchos años, hasta que se agotó totalmente, mucho después de estar amortizado. Y era un coche, además, que podía conducir mi mujer.
Posteriormente, tuve cuatro coches de segunda y tercera mano, o de más manos, porque aquí en Tres Cantos una familia numerosa como la mía lo necesitaba para ir a la Universidad, a Madrid y etc. En consecuencia, mis amigos «Bartolomé», le tenían cada dos por tres en los talleres, pues tenían la bondad de atender todos mis coches viejos y de distintas marcas, poniendo parches en todos lados para que siguieran rodando. Claro que no era buen cliente porque no disponía coches buenos ni nuevos, pero sí que me pasaba la vida cada dos por tres yendo al taller con alguno de los coches, pues en ellos aprendieron a conducir mis hijos y etc., y tuve oportunidad entonces de tener mucho trato con el Patrón.

El Patrón me enseñaba muchas cosas, me contaba cómo había crecido todo, como era de importante la familia, cómo no consentía un papel tirado en el suelo en cualquier lugar de sus instalaciones, como me invitaba a tomar algo en el bar de Renault. Además, era de los que no se cortaban, a mí me halagaba mucho porque me decía que era una buena persona, y cuando un personaje como era él, te dice que eres buena persona, es un buen halago, además, recorríamos todas, absolutamente todas las instalaciones, exposiciones, talleres, charlábamos con los comerciales, mecánicos… y me iba explicando de cada uno todo, pues se lo sabía todo, incluso cuánto ganaba.

Porque me contaba que era su vocación no solo crear empleo, sino también que estuviera justamente remunerado. Pero claro, a él le dolía que su esfuerzo por remunerar al empleado no fuera correspondido por el propio empleado, que alguna vez se dio. Para mí era el gran Patrón, pues en todo este territorio, qué duda cabe, consiguió hacer y construir una gran empresa formada por empresas. Y eso ha repercutido muchísimo en la zona, en lo que se refiere a modernización, servicio, empleo y riqueza, y ahora lo está en muchos más sitios.
Se hizo una casa muy estupenda, cerca de la concesión de Renault, y claro, tanto trato, pues me llevó a conocer a los hijos, con los que me une mucho afecto. Hay un hijo que es Ginés, se llama como su padre, creo que es el pequeño, buen amigo, noble amigo, que recuerdo por el año 92 o 93, que yo estaba económicamente muy mal y sin trabajo que recuerde, y tenía una considerable factura del taller, de mis famosos cuatro coches viejos, y me las veía canutas para liquidarlo. Se lo comenté a Ginés, que entonces estaba él en Merbauto, le dije que trabajaría para poder pagar la factura, trabajaría en donde fuera en el complejo automovilístico, pero él insistió en que no fuera así y que me olvidara del asunto, puesto que ya había abonado infinitas facturas. Es un gesto impresionante que dice mucho a su favor y a favor de las empresas y de la familia en consecuencia. De cualquier forma, al cabo de quince días lo pude saldar, aboné hasta la última peseta de entonces. Y claro, si ya teníamos amistad, la familia Bartolomé y los Mosquera ya ni te cuento a partir de entonces.

Han pasado muchos años, y siempre este servidor ha sido un pequeño embajador comercial de don Ginés Bartolomé y toda la familia, hablando lo que honradamente pienso, que son muy buena gente, con muy buena fe, en un difícil negocio que es la automoción, y que con mucho gusto, a todo el que me quiere oír, le digo que es un buen sitio para adquirir o negociar un coche.

Ya para terminar, he tenido la suerte y el honor de acompañar a don Ginés Bartolomé a los toros, afición enorme por su parte. Yo no entiendo de toros, aunque me gustan, pues veo cómo me explicaban la vida misma en ese arte y sus faenas. Ahora que nos falta el Patrón, le echaré mucho más de menos. Sentiré mucho no haber estado más veces y más tiempo con él paseando sus instalaciones que crecían, crecían y crecían, y ya ven ustedes lo que son. Y los hijos seguro que las hacen crecer aún mucho más.

A todos ellos, un abrazo muy fuerte, con todo el cariño y agradecimiento del primer cliente de Merbauto, que después resultó ser un amigo.

Luis Mosquera Pedrosa

Arquitecto

Mi amigo el patrón ya está con Dios (Necrológica de Ginés Bartolomé). Este artículo de Luis Mosquera pasa a engrosar nuestra categoría de personajes tricantinos.
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