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EN AGRADECIMIENTO A UNA JOVEN MUJERCITA DE TOMO Y LOMO, por Luis Mosquera

EN AGRADECIMIENTO A UNA JOVEN MUJERCITA DE TOMO Y LOMO, por Luis Mosquera

Vamos a ver las cosas positivas y bonitas y no me puedo quejar, pensando fríamente soy un privilegiado. Con 74 años e importantes goteras alimentadas y sazonadas por soledades y amarguras varias, me encuentro encantado de la vida porque hay alguien, por supuesto, a quien quiero que me ha enseñado el misterio de la vida, su sacralidad y su inmensa belleza. Qué mayor regalo de Navidad que el nacer o renacer de nuevo.

Vamos naciendo y renaciendo, pero esto, señores, es fuerte, no es una desesperación, es un vacío, un vacío de amor. Pero cuando el vacío de amor se llena, se va alimentando, se llena, entonces es la monda. Y viva la Navidad, he pensado muchas veces, mucho, en la muerte, quizá porque he estado cerca muchas veces o porque estoy enfermo o porque he arriesgado la vida, pero lo que nunca me había parado a pensar es sobre la vida. Qué maravillosa es la vida que cuando se apaga se apagó, pero hay que llegar al final, como dicen muchos benditos de Dios, con la conciencia muy tranquila en paz y obrando solo el bien, porque entonces será como un fluido, todo será continuación de una cosa y de otra y no habrá separación del anterior a lo posterior.

Navidad, fechas memorables. Esta es para mí, es posible, la más significativa y solo hay un secreto. En estas Navidades y en toda la vida, qué es el amor. El amor habrá que saber darlo y también recibirlo. Pero espero, que antes de cascar pueda yo escribir sobre ello, pues no he tenido una aparición, pero cosa parecida a mis edades he descubierto una barbaridad y cuando digo una barbaridad es que hay muchísimo y es inenarrable, no hay palabras, pero lo voy a intentar.
Cuando te encuentras con inocencia y encima es una inocencia femenina. Cuando te encuentras delicadeza, cuando te encuentras también cariño y respeto. Cuando encuentras una mina o un pozo de flores, que puede hacer el corazón de un artista, pues imagínense.
Y desde luego, tomar nota y tomando nota, enfrentarse con la vida como Don Quijote contra los Molinos, en este caso amando a los Molinos. Dicen que los coches ahora se moverán por grandes baterías eléctricas, pues en realidad deberían moverse por la energía del amor, que no es cosa mía, es cosa de Einstein. Más nos valía, que felices seríamos y como nos realizaríamos. Estoy convencido de que para la motivación, el amor, sin ninguna discusión, no hay ningún otro camino y para ello es necesaria la admiración. Y la admiración, no es vana, la admiración es precisamente, la sensibilidad para apreciar y valorar esas cosas que hemos dicho o hemos insinuado que se queda muy corto, pero induce a la verdad y son esa inocencia, esa preciosa inocencia, además femenina, ese cariño y ese respeto, esa belleza por la que hay que dar muchas gracias y también hemos dicho que muy de por medio están la autenticidad y sinceridad.

Y ahora cambiando de tercio, qué manía, la gente en el mundo confundiendo las cosas, cuando hasta un enchufe históricamente era machimbrado. Para un hombre, creo que no hay un misterio más grande y hermoso, más admirable y deseable que una mujer, es un maravilloso mundo aparte por nosotros, yo alguna vez, me he sentido tan sublime que he rozado la adoración, pues considero que nada en la creación ni aquí ni allí ni en el más allá y cuando digo más allá digo en el cosmos que no hay nada más hermoso que lo femenino.

Lo femenino llama siempre al amor, pero antes al respeto y después a la admiración y muy muy muy de postre a la erótica y al sexo, aunque quizá antes, pero también en segundo o tercer lugar, a la estética. Pues como hemos dicho otras veces que la estética es muy modificable, se puede apañar muy bien y puede resultar muy bien requetebien, simplemente con un poquito de arreglo, gusto y delicadeza, está de moda meterse mano con cirugías y puñetas, a lo mejor está bien porque también nos apañamos otras partes y otras cosas, pero creo que no hay nada más estético que arreglarse con autenticidad, delicadeza y con femenino cuidado.

No me resulta de más un poquito, una chispita de maquillaje al gusto y un poquito de arreglo y cuidado del pelo, también un apaño simpático y sin pretensiones de la ropita y esas mujeres que quizá uno no se fija en ellas por el estilillo que cogen y el arreglo, son más interesantes que las que aparecen en la televisión llenas de cirugías botox y leches, a mí, desde luego, no me atraen nada y gritan que se les nota, y además esas mismas cuando hablan parece que ladran ordinarieces, qué barbaridad. Me parece que a lo mejor contaba otra vez que lo publiqué hace años en una revista que se llamaba Isla Cultural, una pequeña reflexión que repito. La tienda Loewe no sé en la actualidad, pero tenía unas dependientas tan arregladas, educadas y con tanto estilo que si entraba una mujer ordinaria como tantas, pero con tarjetas oro o platino, no tiene mérito ninguno el ir bien vestida, porque quien la componía y la vestía era la magnífica dependienta que valía mucho más que la mujer para estos menesteres.

Por otra parte, admiro y admiré a las mujeres que van a los mercadillos mirando mucho la moneda, es decir el dinero, cuidándolo, pero aun así con unos cuantos trapitos consiguen ir hechas unos pinceles, eso es un arte y gordo, esa reflexión la confirmé en la puerta de la Comandancia de la Guardia Civil en Tres Cantos, viendo pasar a las jóvenes esposas de los jóvenes guardias que iban con sus trapitos, esos tan estupendos, divinamente arregladas y mejor que la mayoría de las mujeres que me encuentra porque se distinguía. Hacer con lo poquito mucho es un arte precioso, y ser un poquito sobrio y no derrochar dinero en estupideces está requetebien, porque eso de la moda es divertido pero una frivolidad.

En resumidas cuentas y para terminar este rollo por hoy afirmo que el antidepresivo más fuerte, eficaz, bueno y barato es la admiración de la feminidad. Yo alguna vez me ha venido muy bien sentarme en la terraza y en el camino de la estación y ver pasar de todo, pero muchas niñas y mujeres variopintas muy guapas y de ahí incluso se aprende, también repito que es bonito como decía Robert Venturi, aprender de todas las cosas. En síntesis, viene en los libros que admirar la belleza levanta mucho el ánimo y te hace mucho más sensible a la hermosura y a la vida.

Luis Mosquera Pedrosa
Arquitecto

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