HABLAR Y SENTIR LA PARRESÍA, por Manuel Armenteros
La palabra o término PARRESÍA (de origen griego) significa “decir todo” o “hablar franco”; en el sentido de “decir valientemente todo lo que uno/a tiene que decir a quien fuese, sin callarse nada”; es decir, “hablar con franqueza y sin miedo”.
La PARRESÍA es una actividad verbal en la que un hablante expresa su relación personal con la verdad; y arriesga su propia vida como un deber, para mejorar o ayudar a otras personas (y también a sí mismo). La PARRESÍA es una actitud de valientes.
La PARRESÍA es una virtud, pero también una actitud. No es común en el mundo de hoy, en el cual priman las palabras inofensivas y los discursos “políticamente correctos”, en lugar de la verdad. En muchas épocas y en muchos lugares tal como hoy… hablar claro es peligroso. Es más evidente este peligro, cuando “el poder” es ejercido de forma tiránica, bien sea en una sociedad o en pequeños núcleos de ella; como en el trabajo o ¡incluso en la familia! Sin olvidar, que también hay cierto riesgo en el decir algo, cuando lo expuesto va en contra de las mayorías; o bien contradice un discurso dominante.
¿Por qué hablar con claridad puede representar un peligro para quien habla? Por qué los que no quieren escuchar, (que sabemos implica interiorizar: ¡no solo el mero oír!), también ven como un riesgo lo que se diga. Todas estas preguntas conducen a la esencia de lo que es y significa la PARRESÍA. No se trata de hablar por hablar…, sino de hablar con y desde la verdad. Ya que el vehículo de la verdad es precisamente la Palabra, y en un estadio mayor y más comprometido, es el testimonio.
Me viene a la mente el consejo que san Francisco de Asís, daba a sus discípulos: “Id al mundo y mostrar el Evangelio con vuestras vidas…, y si es necesario, ¡con palabras!” La verdad a su vez, se torna peligrosa cuando deja al descubierto algo o alguien. Es obvio, que las verdades incómodas desenmascaran y por eso resulta inconveniente.
Los poderes, ¡todos!, suelen ser inclementes con quienes se atreven a desafiar sus mentiras o medias verdades. Estas medias verdades suelen ser más peligrosas, precisamente porque tienen algo de verdad o parte de verdad… y puede “colarse desde ellas, (por tener insisto algo de verdad)…, todo”. Y así a través del “arma de la palabra franca y verdadera”, la respuesta suele ser: el “asedio”, el “descrédito”, la “persecución” o el “ostracismo”.
Según Foucault, la PARRESÍA es un concepto asociado a la ética y a la política. Este filósofo entendía la ética: “como el cuidado de sí”, mientras que defendía a la política, como el cuidado de otros/as. En los dos ámbitos (ética y política) la PARRESÍA era y será una conducta fundamental.
Son tres, los rasgos fundamentales que definen a las personas que la emplean: (1º) No solo es decir la verdad, sino el compromiso que la persona tiene con ella. (2º) Porque esa verdad ya le implique un riesgo, que asume a “pesar de todo”. (3º) Que ella la PARRESÍA, exige valor y coraje.
Existe también la PARRESÍA COLECTIVA, que para la filósofa Judit Butler, en su obra escrita “Sin miedo”. /Formas de resistencia a la violencia de hoy/…, nos habla y expone que la PARRESÍA, también puede ser ejercida de forma colectiva. Otros filósofos han llamado la atención, diciendo que la PARRESÍA debería ser ejercida en el mundo actual, sobre todo por “los periodistas”. La PARRESÍA sea individual o colectiva no es la de desafiar como tal, sino la de combatir la mentira, pues casi siempre sirve a intereses mezquinos.
La PARRESÍA es un modo de vida o estilo de vida que lucha por la verdad, ¡insistimos en ello! No se somete al discurso dominante, ni a su poder. Por ello… ¡Es ya un insurrecto!, quien se mueve en ella, pero sepamos que no tiene un defecto, sino un valor!
También la PARRESÍA fue y es la virtud apostólica por excelencia. Los profetas practicaban y practican, la PARRESÍA. Esta puede expresarse también sin palabras, en la negativa o realizar un determinado gesto o acción por motivos de conciencia, como un rechazo de un requerimiento específico que implique renegar de la propia FE.
La franqueza en el hablar, no se refiere solo a la represión a la admonición, sino que abarca también el elogio y la alabanza. Y créanme La PARRESÍA, se practica y mucho en nuestra querida ciudad Tricantina. ¡A veces, hasta sin mediar palabra! Ya que está presente: en gestos, sonrisas y buen comportamiento, tanto individual, como colectivo.
!¡ENHORABUENA, AMIGOS/AS TRICANTINOS/AS!
Desde TRES CANTOS (MADRID) hoy 19 de marzo de 2026.
Manuel Armenteros Martos… Vecino Tricantino.




